Respuestas

Respuestas 6 abril, 2018

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Después de mucho tiempo haciendo lo mismo, pero sin saber por qué, sueles cansarte. Y eso me pasó a mí. Mi nombre es Andrés Ortega, tengo 24 años y estudio la Licenciatura en Teología.
Recuerdo que tenía años realizando las mismas actividades: visitar gente, orar por ellos y obsequiarles un folleto. No importaba la actividad que fuera, en súper-misión o colportaje,  era la misma actividad y llegó el punto en que ya no sentía entusiasmo por ir.
En cierta ocasión le dije a Dios: “Ya no más; dame la oportunidad de no hacerlo de nuevo. Quiero hacer alguna actividad diferente”. Pero la realidad es que Dios tenía planes diferentes para mí.
Ese día, por la mañana, salí junto con mi compañera de la iglesia donde nos encontrábamos y recuerdo que tenía una pregunta en mi mente ¿Qué quieres que haga? ¿Qué tienes para mí en este lugar?
Justo dos calles arriba de donde nos encontrábamos, tocamos una puerta y una señora, relativamente joven, abrió. Conversamos un poco de salud con ella y oramos. Sin embargo, algo en mí sugirió y pensé que sería buena idea entregarle un libro titulado “Tiempo de esperanza”.  Lo saqué de mi mochila y le dije: “Le voy a regalar un material que le va a encantar…”
Aún no había terminado de hablar cuando me dijo: “¿Es religioso?” y en mi mente saltaron muchas respuestas inmediatas al creer que si ella se  enteraba de que era un libro que hablaba de Dios, me lo rechazaría; entonces acoté: “No lo veas como religión, míralo como un…”
Nuevamente me interrumpió y me dijo: “Si no habla de Dios, no quiero el libro”.
En ese momento se me iluminaron los ojos y le dije: “¡Claro que habla de Dios! ¡Tómalo, te va a encantar y a tu esposo también!”.
Nos abrió la puerta de su hogar, nos contó sobre su enfermedad, oramos nuevamente y mientras las lágrimas rodaban por sus mejillas nos dijo: “Dios es mi único consuelo, no tengo con quién hablar y ahora ustedes están aquí, hablando de quien me da ánimos y escuchándome. Justo lo que he necesitado desde hace algunos días”.
Después de un par de horas de charlar con aquella mujer, nos retiramos de su hogar y fue cuando me di cuenta que mis preguntas habían sido contestadas con una simple respuesta: Dios tenía algo para mí.
Él quiere que tu y yo vayamos a escuchar a sus hijos, a suplir sus necesidades y de esta manera podamos presentar ante los demás a un Cristo resucitado y próximo a venir. Solo así: con hechos.
Quizá a veces te sientas desanimado, que no tienes algo por lo cual estar en este lugar o no logres encontrar tu propósito en la vida, pero pregúntale a Dios: ¿Qué quieres de mí? ¿Qué tienes para mí en este día?.
Por: Farit Devit