Encontrar tu lugar

Encontrar tu lugar 15 febrero, 20191 Comment
He escuchado que muchas veces los jóvenes no encuentran su lugar en la iglesia, así que quiero compartirte mi experiencia.
Mi nombre es Aylinn Fernanda Pérez. Nací en Villahermosa, Tabasco, tengo 18 años y estudio el primer año de la carrera de Medicina.
Recuerdo tener alrededor de cuatro años, cuando visité por primera vez una Iglesia Adventista del Séptimo Día. Mi tía me llevó durante un año a los departamentos de los niños, pero a mí nunca me gustaron. Fue hasta los doce años, cuando unos tíos adventistas se mudaron cerca de mi casa, que comencé a asistir con más frecuencia.
La primera vez que nos invitaron, fui con mi mamá y mi hermana, sin embargo, yo fui la única que regresó. Más tarde, estudié la primaria en una escuela adventista. No obstante, mi interés en frecuentar una iglesia no era mucho.
Un día, mi tía me llevó junto con una prima al club de conquistadores. Ella era consejera y mi tío era el subdirector. Nos dio una carpeta con los ideales del club, indicándonos que debíamos aprenderlos, pues en la reunión iban a preguntarlos. Y así estuvimos todo el camino, pude memorizar todos menos la ley. Ese fue mi primer encuentro con los clubes.
Pronto comencé a asistir a las reuniones y fui relacionándome con personas maravillosas. Entre ellas están Carla y Greysi. Poco a poco las fui conociendo y nos hicimos más cercanas. En las reuniones del club, convivíamos y compartíamos grandes momentos. Llegó un punto en el que no queríamos ir a las reuniones si alguna faltaba. Gracias a la influencia que mis amigos del club tenían en mi vida, me involucré más en otros ministerios de la iglesia. Además, el tener que realizar las actividades de los cuadernillos me alentó a comenzar a leer mi Biblia de forma personal, como un compromiso y no solo por cumplir un requisito.
Creo que el club influyó en mi decisión para bautizarme porque me dio la oportunidad de tener un encuentro más cercano con Dios, a través de las actividades espirituales que organizaba.
Por otro lado, nunca imaginé que terminaría desarrollando la pasión por enseñar a los más pequeños de nuestra iglesia. Fue repentino, pero de mucho aprendizaje para mí. Primero estuve como ayudante en el departamento de infantes. Un año después, me nombraron directora de Infantes, así que tuve que buscar a mis maestras y estuve muy agradecida de poder contar con personas que tuvieran el mismo entusiasmo que yo.
Muchas veces, la emoción de los niños un sábado por la mañana, es todo lo que uno necesita. Que lleguen y te abracen, te den los buenos días o que empiecen a contar cómo les fue en su semana, es una experiencia única, que me llena grandemente el corazón.
En ocasiones, no podemos obligar a los jóvenes a involucrarse en los clubes o participar en la escuela sabática, porque van a terminar fastidiados de esas actividades. Cada uno debe encontrar la manera de poder desarrollar sus habilidades en algún área de la iglesia. Tal vez le guste visitar a los enfermos o ayudar en la organización de eventos; tal vez pueda apoyar con sus conocimientos sobre informática o como encargado del espacio de comunicación. Sin embargo, en el camino habrá obstáculos qué enfrentar, no debemos dejar que ciertos prejuicios nublen nuestra mente y los planes que tengamos, porque finalmente, a la iglesia vamos a encontrarnos con Dios. Ese debe ser nuestro objetivo, encontrar nuestro lugar en la iglesia y poner los talentos que Dios nos ha dado a su servicio.

One comment

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.