Algo bueno todos los días

Algo bueno todos los días 3 mayo, 20181 Comment

Algo bueno todos los días

Hay momentos en la vida, situaciones y experiencias que para nosotros no tienen sentido o no entendemos su motivo. Mi nombre es Bryan Ramón Cedillo, tengo 22 años y quiero contarte mi historia. 
Era domingo 21 de marzo de 2010, y mis compañeros y yo nos encontrábamos en una carrera de velocidad para ver quién representaría al club en las competencias de atletismo del Camporee Interamericano de Conquistadores. 
“En sus marcas, listos… ¡fuera!”. Salimos disparados y el primer lugar era mío, hasta que alguien me rebasó de una manera poco ética y dolorosa; quien estaba en el segundo lugar soltó con intención su pie hacia los míos, provocando que cayera. Tras las risas y uno que otro “¿estás bien?” noté algunos raspones que traía, me levanté y lavé las heridas rápidamente.
El mismo día, pero en la tarde, me inició una fiebre de 38oC. Intenté levantarme para ir al baño, pero mi rodilla derecha no aguantó, me senté de nuevo y fue cuando observé la gran inflamación que había en mi rodilla y sentí un dolor muy intenso. Como pude, llegué hasta el baño y fue ahí donde noté que el color de mi orina era café, tornándose en rojo. Fui directo a la cocina, tomé mucha agua, me dirigí al cuarto y me acosté. Intenté conciliar el sueño.
Lunes 22 de marzo. El día pasó y no había ninguna mejoría, así que al caer la noche no tuve más remedio que mencionarle a mi mamá lo que ocurría. Fuimos al hospital y me dieron un diagnóstico aparentemente favorable; una contusión en la rodilla, un golpe de calor y exceso de proteína en la orina, debido a la actividad física.
Sin embargo, tres días después la situación se agrabó. Regresamos al hospital y efectivamente el estado de uno de mis riñones no era muy bueno.
Lo que siguió fueron tomografías, tags (tomografía con tinte intravenoso), 9 diferentes muestras sanguíneas, visitas médicas, medicamentos que combatían la infección, régimen de comida especial y noches enteras sin dormir por la fiebre.
Mi esperanza se terminó de esfumar al escuchar que mi riñón derecho estaba a la mitad del tamaño normal y el izquierdo con una dimensión desproporcionada, por lo cual la pérdida de ambos riñones era casi inevitable: los antibióticos no estaban ayudando y no había una razón aparente que conectara el rompecabezas.
Recuerdo que ese martes de noche le dije a Dios: “¡Ya me cansé de esto! Tal vez sea lo último que te pida, pero es muy importante; no quiero ver sufrir más a mi mamá, a mi familia, a mis amigos ¡a nadie! No estoy conforme con esto, aún tengo mucho que hacer por ti, aún soy útil para ti. No importa lo que cueste, pero te ruego que si has de hacer algo, lo hagas pronto por favor”.
Miércoles de mañana. La jefa del departamento de enfermeras entró para avisarnos que la deuda se hacía cada vez más grande y que debíamos hacer los arreglos para solucionarlo. Mientras ella decía esto, entró un doctor diciendo: “A este chico hay que operarlo ya”. Mi madre se exaltó debido a que ese médico en ningún momento había tenido acceso a mi expediente y no había entablado plática alguna con nosotros. Pero no cabe duda de que Dios obra de maneras impresionantes, pues mandó a ese doctor, el cual nos explicó: “Estoy seguro que la lesión en la rodilla le ha provocado la filtración del líquido sinovial, creando una infección que agarró camino a alguno de sus órganos. Vine al hospital por unas cosas que olvidé, ya que mañana es mi primer día de vacaciones, pero estoy dispuesto a cancelarlas para operarlo, porque es importante que no pase de mañana. La coloración de su rodilla es anormal y la temperatura de la zona rotular es aún más caliente a la del resto del cuerpo”.
Fue así como, milagro tras milagro se iniciaron los preparativos y me pudieron intervenir.
Al salir del quirófano la fiebre de hacía casi dos semanas había cesado y después de las 3 horas que duró mi cuerpo en reaccionar, fui al baño y la coloración de mi orina y la sangre ya no estaba. No dábamos crédito a lo vivido, porque en la operación no hubo contacto alguno con mis riñones como para obtener un resultado inmediato, pero lo que sí es seguro es que hubo un toque sanador y una mano poderosa que me acompañó.
Estuve dos días en observación y el día sábado me dieron el alta y, como es de suponerse, hasta el día de hoy mantengo los cuidados pertinentes para mantener mi salud en óptimas condiciones. Cabe mencionar que mi estancia en la universidad me ha ayudado en todo esto y actualmente puedo decir con toda alegría que me encuentro preparándome para ser teólogo y cumplir la promesa que le hice a Dios en mi adolescencia.
 No todos los días son buenos… esta experiencia lo demuestra, pero Cristo da más de mil razones para agradecer y alabarlo a pesar del daño que el pecado nos deja. Nunca olvides ver esos detalles que pueden cambiar la perspectiva con la que vives cada día de tu vida… pero siempre hay algo bueno, en cada día.
 
Por: Farit Devit

One comment

  1. No sabía de tú situación, pero siempre te me haz hecho un chico con fe y mucha confianza en Dios, y lo veo cada día en tus múltiples actividades.
    Recuerda lo que una vez te dije, los chicos te admiran, por tu dedicación, tus habilidades y por ser un gran líder, eso Dios te lo ha otorgado, sigue usando ese don para engrandecer el nombre de Dios.
    Que el Señor te siga bendiciendo como hasta ahora, pues él tiene grandes planes para ti.
    Carolina Salinas de Castellanos

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