Una manera distinta de obrar

Una manera distinta de obrar 11 mayo, 2018

Una manera distinta de obrar

En la vida hay muchas experiencias propias que nos marcan, sin embargo, ¿qué ocurre si lo que nos marcó no nos sucedió a nosotros? A veces es difícil de imaginar, pero las situaciones familiares pueden llegar a ser tan difíciles y dolorosas que pueden repercutir de una manera impresionante. Y ese fue mi caso.
Mi nombre es Fernando Ramírez Bukovecz, tengo 18 años y actualmente estudio la Carrera de Comunicación y Medios, y quiero relatarte lo que hace un par de años ocurrió en mi familia y el cómo esto hizo un cambio no solo en mí, sino en todos los que vimos esta situación.
Fue hace apenas unos años, y todo empezó cuando mi tío (muy querido por mí) empezó con los trámites de su divorcio con su entonces esposa, Paty. ¿La razón? Quería iniciar su vida con otra mujer, a la cual ya había embarazado. No hace falta decir que esto fue un gran escándalo familiar, sin embargo, cuando nueve meses después nació la bebé, a todos se nos enterneció el corazón y nos llenó de alegría.
Pero no todo marchaba como debía ser. Los pleitos en el nuevo matrimonio de mi tío fueron aumentando cada vez más y la situación llegó a ser tan insoportable, que en determinado momento sus hijos del matrimonio anterior (que vivían con él y su nueva esposa) decidieron abandonar la casa y tomaron caminos separados.
Tantos llegaron a ser los problemas que un buen día Paty echó a mi tío con todo y cosas de la casa, pues no soportaba que él todavía viera a sus hijos de su antiguo matrimonio. Todo parecía indicar que ya pronto se divorciarían y eso nos alegraba, pues la vida que llevaban juntos era realmente difícil y mi tío estaba cansado de que ella no le dejara ver a sus hijos, pero cuando le pidió el divorcio ella lo amenazó con hacerle daño a sus hijos, y él no tuvo más remedio que regresar.
Sé que suena extraña esta situación y es que cuando se trata de invertir los papeles de hombre y mujer que solemos ver, no lo creemos de la misma manera. Sin embargo, la violencia que experimentaba mi tío era terrible. Finalmente él se quedó ahí por miedo y pronto empezó a enfermar. Los médicos le indicaron que se trataba de una deficiencia renal y que la única solución era dializarle.
Mi tío, quien ya se encontraba en una fuerte depresión, no quiso recibir los tratamientos de inicio y buscó alternativas naturales. Nosotros como familia nos encontrábamos angustiados, así que lo convencimos de tratarse y lo llevamos a un pueblo cerca de Cuernavaca, Morelos, en donde una doctora muy buena le prescribió un tratamiento excelente que le ayudó a ir mejorando poco a poco. Sin embargo, su esposa se opuso al tratamiento, argumentando que era mejor que se tratara con unos remedios que ella conocía y que le podían hacer bien.
La familia se enojó mucho y trató de convencer a mi tío de seguir con lo que realmente le estaba resultando efectivo, pero era tanto su miedo que decidió mejor hacer lo que su esposa le decía. Pronto sucedió lo que tanto nos temíamos: mi tío comenzó a empeorar a pasos agigantados; su piel se empezó a poner de un tono negro cenizo y sus piernas comenzaron a hincharse hasta la altura de la cadera. Cuando nos enteramos el por qué, no podíamos evitar sentirnos llenos de coraje: su esposa le había dicho que era mejor si le aplicaba las diálisis sentado y con la puerta abierta a la calle, así que lo obligaba a hacerlo de esa manera, aún cuando el doctor ya le había explicado a ella que la manera correcta era recostado, en una superficie limpia y controlada.
Mi tío cada vez se fue poniendo peor, hasta que terminó de nuevo en el hospital y posteriormente fue trasladado a uno más grande en el Puerto de Veracruz, donde fue internado de gravedad. En ese punto, la situación familiar no era mejor. Su esposa había puesto a Brisia (la hija del nuevo matrimonio) en nuestra contra y no quería si quiera vernos. Además, mientras estuvo ahí, su esposa apenas se acercaba al hospital, hasta que un buen día mi tío murió.
En el velorio las cosas se pusieron más tensas que cuando él estaba vivo: su mujer no nos quería dejar siquiera acercarnos y causó un gran escándalo cuando vio que llegaron los hijos del primer matrimonio y se les fue encima a golpes y rasguños y después, colocándose en la puerta, no quería dejar entrar a nadie.
Me gustaría decir que Dios curó milagrosamente a mi tío, que pudo salir de esa situación terrible de violencia y que ahora se encuentra feliz. Sin embargo la voluntad de Dios fue distinta y él ahora se encuentra descansando después de tantos años de sufrimiento y violencia.
Sin embargo, aunque fue una situación dolorosa, esto nos sirvió en gran manera para unirnos como familia y, aunque nuestra fe fue probada y no entendíamos el porqué Dios lo había permitido, ahora entendemos que quizá todo esto tenía que ocurrir para que cada uno de nosotros reflexionara sobre lo corta que es la vida y lo valioso que es aferrarnos de la mano de nuestro Dios, aún en los peores momentos. Y, aunque ha sido difícil, hemos ido aprendiendo también poco a poco a dejar los sentimientos de odio hacia aquella mujer que tanto daño causó a la familia y hemos logrado comprender el valor del perdón.
Dios obra de muy distintas maneras; a veces da sanidad y a veces permite el dolor. Pero lo más importante es que no deja de obrar.
Por: Farit Devit