Los métodos de Dios

Los métodos de Dios 31 agosto, 2018Leave a comment

Los métodos de Dios

¡Hola! Mi nombre es Alexis Marín, soy originario de Chiapas, actualmente estudio el tercer año de medicina y la crónica que tengo hoy que contarte es acerca de algo impresionante que me tocó vivir este verano 2018.
Yo, al igual muchos otros jóvenes de la universidad, colporto para poder autofinanciar mis estudios y este verano me asignaron un campo en Chihuahua. Debo admitir que al principio no estaba seguro de querer colportar ahí y me sentí aún más desalentado cuando, mientras iba en el autobús camino a mi campo, vi el desierto. Nunca me ha gustado la zona desértica, así que al llegar me sentí triste y con ganas de ir a casa, pero al mismo tiempo confiado, pues sabía que si Dios me había puesto en ese lugar, era por algo.
Cuando llegué a Chihuahua me dijeron que mi campo sería en un poblado llamado Creel y pensé que iba a ser igual que Chihuahua: caluroso, desértico y medianamente urbanizado. Sin embargo, mi sorpresa fue grande cuando me explicaron que iba a estar cerca de los rarámuris (etnia perteneciente a ese estado) y me sentí un poco inquieto, pues ya había escuchado que eran de bajos recursos y a mí me daría pena ofrecer materiales a personas que no tenían los recursos para ayudarme. En mi mente solo pasaba una pregunta: ¿Porqué Dios me había mandado a ese lugar?
Al llegar a Creel me di cuenta que el clima era totalmente distinto a Chihuahua, pues hacía un frío extremo. Llegó el sábado  y el pastor nos llevó a la Iglesia Adventista del Séptimo Día del pueblo, nos presentó a la encargada y esperamos hasta cerca del mediodía para iniciar el culto con la congregación, que la componían tan solo cinco personas. Era una iglesia grande, pero de muy pocos miembros y en mi mente seguía la misma pregunta.
Llegó el domingo y salí con mi compañero al pueblo para colportar casa por casa, pero nadie nos abría la puerta y en una de las casas que sí lo hicieron, nos explicaron que la zona en la que estábamos era muy peligrosa, por lo que era lógico que nadie nos tuviera confianza ni nos quisiera recibir en sus hogares. Estaba totalmente devastado y me encontraba renegando por haber llegado ahí.
La siguiente semana no fue buena, pero recorriendo la ciudad nos dimos cuenta que estábamos en un pueblo mágico, La Estación Creel, conocido por el paso del tren “Chepe”, el cual es muy turístico. Encontramos muchos hoteles donde nos recibieron y el siguiente domingo se nos ocurrió ir a ver al sacerdote de la iglesia católica para presentarnos, decirle de dónde veníamos y ofrecerle los distintos materiales que llevábamos. Él había estado un poco enfermo, así que se interesó mucho en tres libros de salud y nos los compró.
Nosotros estábamos muy contentos, pues aparte de que era la compra más grande que nos habían hecho, sabíamos que el sacerdote era una persona muy influyente en el poblado; cuando fuimos a entregarle sus libros le solicitamos que nos diera una carta de recomendación para que las personas nos tuvieran confianza y nos abrieran sus puertas, a lo que él aceptó de manera muy amable.
Algo que cabe destacar es que cerca del 95% de esa población es católica, así que al ir a las casas con la carta del sacerdote, ellos gustosos nos abrían las puertas, se ponían contentos de recibir la visita de dos estudiantes preocupados por la salud de ellos, nos atendían de la mejor manera y en casi todas las casas nos apoyaron con sus compras.
Al finalizar el verano nos dimos cuenta que Dios nos había puesto a la persona menos esperada, pero al mismo tiempo la más indicada para que nos abriera las puertas en ese poblado y que además pudiéramos llevar a las personas un mensaje de esperanza a través del mensaje de salud.
Ahora tenía la respuesta del por qué Dios me había enviado a ese lugar, para hacerme más fuerte, pues en ese momento mi familia estaba atravesando por situaciones muy complicadas (entre ellas el fallecimiento de mi abuelito), y además un amigo mío había fallecido mientras yo me encontraba colportando y me sentía muy culpable por nunca haberle hablado de Dios. Sin embargo, esta experiencia me hizo aprender a depender completamente de Él y soportar las pruebas en su nombre. Yo le pedí mucho en oración que hiciera su voluntad y Él me indicó el camino que yo debía seguir.
Dios cumple sus promesas, nos ayuda y está con nosotros siempre que lo necesitamos. A veces los métodos de Dios son duros y complicados de entender, pero sus planes son siempre perfectos y de amor hacia nosotros.
Por: Farit Devit

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