Un sueño, una realidad

Un sueño, una realidad 22 febrero, 20182 Comments

Un sueño, una realidad

Cuando las personas se enteran que vienes del extranjero siempre hacen la misma pregunta: ¿qué haces en México? Pues bien, esta es mi historia.
Mi nombre es Maria Alejandra Pinzón Torres y vengo de Santander, Colombia, tengo 23 años y actualmente estudio el sexto semestre de la carrera de medicina.
Yo me encontraba estudiando Ingeniería Química en mi país cuando dos de mis amigos me platicaron que ellos estaban haciendo preparativos para estudiar medicina en México en una universidad adventista.
Mi sueño siempre había sido estudiar medicina, sin embargo mis padres querían que estudiara ingeniería y por esa razón estaba en esa carrera.
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Está de más decir que platicar con estos amigos me movió mucho la idea de poder estudiar lo que siempre había querido y más aún, que fuera en un ambiente cristiano, con gente que compartiera mis mismas creencias y con un estilo de vida distinto al que la mayoría de los estudiantes universitarios suelen tener y, aunque no llevaba mucho tiempo de bautizada, me emocionaba mucho la idea.
Fue así como tomé la decisión de inscribirme a la Universidad de Montemorelos. Al principio mis padres no estaban de acuerdo, pero llegamos al acuerdo de que yo me autofinanciaría mis estudios y ellos me apoyarían cuando les fuera posible. Yo sabía que estudiar en un país distinto iba a ser muy difícil (sobre todo por las cuestiones económicas), pero también estaba decidida a ir detrás de ese sueño, y después de muchos esfuerzos en el año 2014 pude inscribirme en la universidad.
Durante cada semestre estuve trabajando en distintos sitios con diferentes personas y de esta manera pude pagar mis estudios. Sin embargo, en una de esas ocasiones una persona no me pagó por mi trabajo y esto me generó al final del semestre una deuda de cerca de $80,000 pesos.
Preocupada por aliviar esta deuda y pagar el siguiente semestre me fui en verano a Estados Unidos a trabajar, pero tampoco me fue del todo bien. En agosto estaba muy preocupada y aunque había logrado juntar el dinero suficiente para pagar la deuda, no contaba siquiera con los recursos para pagar el semestre entrante.
Pero Dios no me abandonó. Me encontraba en Colombia resignada a que no regresaría a México cuando recibí una llamada por parte de la universidad y me dijeron que me podían otorgar una beca trabajo del 70% para que continuara estudiando. Regresé a Montemorelos, pagué mi deuda, pero ahora me encontraba con un desafío más: aunque tenía la oportunidad de la beca no contaba con el dinero para matricularme e inscribirme.
No sabiendo qué hacer me acerqué con uno amigo doctor, con quien más confianza tenía y que quien me había apoyado durante mi estancia en la universidad, y le platiqué lo que pasaba. Él me dijo que no me preocupara, que la situación se resolvería; entró a la oficina del contador de la universidad, fue a la caja, pagó mi matrícula y me dijo: “Ya inscríbete”.
Fue algo realmente impresionante. Ese semestre yo no pensaba regresar a estudiar, pero al ponerlo en manos de Dios todo quedó resuelto, y no solo pude continuar estudiando, sino que además fue la primera vez que mis cuentas quedaban en cero. No cabe duda que los planes de Dios siempre son mucho mejores que los nuestros.
Por: Farit Devit

2 comments

  1. Dios es nuestro único patrocinador.

    Que bendición alejandra. Un gusto conocer parte de tu historia. Cómo está, hay miles que se encuentran dentro de los muros de la universidades.

    Un saludo.

  2. Dios es bueno y cumple sus promesas. Como dijo el rey David “Joven fui y he envejecido y no he visto a un justo desamparado y su desendencias mendigando pan”

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