15 Minutos con Cristo

15 Minutos con Cristo 27 abril, 2018

15 Minutos con Cristo

¡Hola! me llamo Mariana Villanueva Mendoza, tengo 21 años y aunque no es fácil de contar y resumir todo en apenas unos párrafos, te contaré mi historia.
Era un 12 de agosto del 2001 y aunque para muchos fue seguramente un día como cualquier otro, para mi familia y para mí fue una fecha que marcó por completo el resto de nuestras vidas.
Se escuchaba en la radio de Salamanca, Guanajuato, el programa cristiano “15 minutos con Cristo” con el locutor y pastor Miguel Patiño. Del otro lado de la ciudad, se encontraba una mujer, ama de casa y madre de tres pequeños que llevaba por nombre María Soledad Mendoza. Probablemente ella se encontraba comenzando un día más con la rutina de siempre y probablemente también con los gritos y maltratos del padre de esa familia que ya no eran novedad para ninguno de ellos.
Sin embargo, como de costumbre, esa mujer encendió la radio; el programa ya había comenzado. El locutor dijo algo que llamó la atención de ella y que la hizo sentir emocionada: al final del programa se lanzaría una pregunta referente al programa y aquella persona que le llamara y respondiera correctamente, podría ganar un premio.
El programa continuó y el locutor comenzó a leer las palabras del capítulo 53 de Isaías y mientras estas palabras se escuchaban en la radio ella sentía algo especial dentro de sí.
A punto estaba ya de concluir el programa cuando el locutor dijo las siguientes palabras: “La persona que llame y nos diga la cita bíblica que usamos, le regalaremos un casete”. Emocionada porque sabía la respuesta, corrió hacia el teléfono y llamó a la estación de radio.
Después de algunos intentos fallidos, finalmente entró su llamada y dio la respuesta que cambió su vida, pues ganó no solamente aquel casete, sino que posteriormente, cuando el locutor fue a buscarla para entregarle su premio, le ofreció un estudio bíblico y a pesar de la inconformidad del padre de familia, las críticas del resto de la familia y los riesgos que esta decisión conllevaba, ella felizmente lo aceptó.
El tiempo pasó, y me gustaría decir que las cosas cambiaron para bien, pero desafortunadamente parecía que todo había empeorado.
Las peleas en la familia eran ahora más comunes, los desacuerdos y las lágrimas fueron aumentando, pero no más que su fe. Dios siguió trabajando y a cada paso estuvo presente.
Nueve meses después de haber recibido los estudios y recibir en su hogar a aquel pastor, ella, al igual que su hijo mayor entregaron su vida a Jesús por medio del bautismo.
En el 2007 sus hijos más pequeños decidieron seguir el mismo camino entregando así sus vidas a Jesús, y a la fecha de hoy puedo decir que esta maravillosa mujer, a quien tengo el privilegio de llamar mamá, ha sido el mejor ejemplo que he podido tener, ya que ella ha seguido el camino que lleva a Cristo Jesús.
No alcanza mi mente a entender cómo Dios responde una oración. Aquel joven pastor pidió a Dios que por medio de su programa al menos una persona pudiera entregar su vida a los pies de Cristo, sin imaginar que sería mi madre, y que por medio de ella, mi hermano y yo. Me alegra decir que no fue solo un alma la que se entregó a Dios y que ese fue solo el comienzo de ese gran ministerio en mi familia.
Ahora, 17 años después de ese suceso en la radio, me encuentro feliz y a punto de comenzar mis estudios universitarios aquí en la Universidad de Montemorelos en la carrera que me apasiona, enfermería. Además, no me encuentro sola, pues mi hermano mayor está también aquí preparándose para ser teólogo y poner su vida al servicio de Dios.
He de confesar que no ha sido fácil, pues la falta de recursos ha sido una preocupación en mi familia, sin embargo en la universidad hemos encontrado las oportunidades en las distintas becas y en el colportaje, y gracias a ello ahora podemos estudiar en un ambiente adventista, el cual nos enseña cada día más del amor de Dios y nos ha dado la oportunidad de aprender cosas distintas, que nos edifican.
El día que quieras ver un milagro en tu vida, pon tus habilidades, tus conocimientos o incluso la falta de ellos al servicio de Dios. Da testimonio de lo que Él ha hecho en tu vida y trabaja para Dios. Tu trabajo no es convencer a las personas, de eso se encarga el Espíritu Santo, tú tan sólo siembra la semilla y así como lo hizo en mi familia, estoy segura que lo hará también con otras.
Por: Farit Devit