Su voluntad

Su voluntad

Seguramente has experimentado la incertidumbre o el desasosiego ante una situación, sobre todo al momento de tomar decisiones que puedan afectar tu futuro académico. Sin embargo, es increíble la manera en la que Dios nos va mostrando el camino, abriendo y cerrando puertas.
Mi nombre es Merola Wegdy Nassif. Nací un 15 de diciembre de 1998 en El Cairo, Egipto. Y hoy, vengo a contarte mi historia.
Todo comenzó con la ilusión de poder estudiar ingeniería en una buena universidad, pero lamentablemente en mi país no hay muchas opciones. Aún no sabía cuáles eran los planes de Dios, pero yo tenía muy buenas referencias de universidades en Estados Unidos. Cierto día, se me presentó la oportunidad de visitar el país. Un familiar me había contactado para invitarme a pasar unos días en su casa, ya que él iba a someterse a una importante operación y necesitaría de alguien que cuidara a sus pequeños. Ya tenía una excusa para visitar el país, además podría poner en marcha la búsqueda de universidades.
Y así lo hice. Sin embargo, fui rechazada en cada una de las escuelas. Estaba muy confundida y triste, y no pude evitar preguntarle a Dios el porqué. ¡Yo quería ir a una buena universidad!
No conocía en profundidad el país en el que me encontraba, pero estaba segura de que era ahí donde debía estudiar. Entonces le pedí su dirección al Señor para que guiara mis pasos y me indicara dónde habría de hacerlo. Pero su respuesta no era la que yo esperaba. Aparentemente se habían cerrado todas las puertas en Estados Unidos para mí.
Unos meses más tarde, mi papá visitó las instalaciones de la Universidad de Montemorelos, con el apoyo de mi primo, el Ptr. Fady Fakhoury. Él quedó encantado y me animó a venir, asegurándome que se sentiría más tranquilo si realizaba mis estudios aquí, pues contaba con el apoyo de un familiar cercano. Por lo cual, puse la decisión en las manos de Dios. Ya no haría mi voluntad sino la de él.
Días después, cuando leía mi Biblia, sentí que el Señor me estaba dando la respuesta. Y fue así, como después de un viaje bastante ajetreado y largo, pude llegar con bien hasta mi destino. Dios no se separó de mi lado ni un momento.
Lo que me hace sentir más segura del hecho de estar aquí, es recordar que, cuando Dios te abre una puerta, él siempre irá delante de ti. Ese pensamiento me ayudó mucho durante el viaje y creo que se puede aplicar para cualquier otro momento de nuestra vida.
Me gusta pensar que Dios tiene el control de mi vida, pues él me conoce y sabe lo que es mejor para mí. ¡Tú también puedes hacer lo mismo!
Por: Farit Devit

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