Planes de bienestar y no de calamidad

Planes de bienestar y no de calamidad 8 febrero, 2019Leave a comment
Hoy quiero compartir contigo una parte de mi vida universitaria que sin lugar a dudas nunca olvidaré.
Mi nombre es Mildred Hernández, tengo 22 años, estudio Enseñanza del Inglés y curso mi octavo y último semestre de la carrera.
El 2018 fue un año lleno de retos, metas y experiencias nuevas para mí. Pero lo que más me marcó, fue la oportunidad de participar de un intercambio en Asia-Pacific International University con sede en Muak Lek, Tailandia. La licenciatura que estudio, al igual que muchas otras en la universidad, ofrecen la oportunidad de participar en un intercambio. ¡Estaba tan emocionada con sólo pensar que tal vez podría ir! Recuerdo escuchar las historias de mis compañeros que ya habían ido, compartiéndonos sus experiencias y animándonos a ir. Parecía tan lejano en ese momento, que puse mis deseos en las manos del Señor y oré para que se hiciera su voluntad. Pero la verdad es que el momento llegó más rápido de lo que imaginé y Dios fue abriendo puerta por puerta, empezando por mis padres que tuvieron el deseo junto conmigo de poder ser parte de esta experiencia.
Él puso los medios para que pudiera convertirse en una realidad. Pero antes de que pudiera pensar en salir del país, había permisos, cartas y trámites de visa que arreglar. Para los que han tramitado documentos de este tipo sabrán que es un proceso que requiere de paciencia y plena confianza en Dios.
El tan esperado día llegó y empecé mi travesía. El vuelo de más de trece horas fue cansado, pero la emoción y alegría me mantuvieron despierta y atenta para conocer este nuevo lugar. Era la una de la tarde en Bangkok y finalmente llegamos. Recogimos nuestras maletas y nos encontramos con quienes nos llevarían a la universidad.
Mientras nos dirigíamos a la universidad no podía dejar de ver a través de la ventana y repetirme una y otra vez que ya no estaba en mi país. Todo parecía tan diferente y fascinante. No podía creer que estaba en ese lugar.
Llegar a la universidad es lo que más quería en ese momento y vaya que valió la espera, su campus verde y espacioso captó mi atención junto con todos aquellos rincones donde podías obtener una linda vista del paisaje.
Por otro lado, la honestidad de las personas con las que conviví es algo que no voy a olvidar. Las actividades en las que me involucré como el coro y la orquesta me ayudaron a conocer mejor su manera de ver las cosas, la forma en que se desenvolvían con los demás. Sentí una gran admiración por su sencillez y respeto.
Asimismo, de los maestros que estuvieron conmigo, me llevo su pasión y dedicación al impartir sus clases. Me mostraron su deseo por ser mejores cada día.
Así pues, estando lejos de casa, Dios nunca me abandonó, me cuidó a cada instante, desde el momento en que me subí a ese avión hasta cuando llegué a tierras lejanas.
Valoré lo que me identifica como ciudadana de mi país, y fue un pequeño paso más para el desarrollo de mi carácter.
Hay muchas otras cosas que pudiera decir, pero esto poco que hoy comparto contigo es con el propósito de invitarte a que pongas tus planes en las manos de Dios que Él hará. Recuerda que sus planes son mejores que los tuyos.
Siempre estaré muy agradecida con Dios por la oportunidad de intercambio que tuve al estudiar en la Universidad de Montemorelos.
Si en algún momento tienes el deseo y la posibilidad de tener esta experiencia, ¡no lo dudes, y aprovecha al máximo cada momento!
Que el señor te colme de bendiciones y recuerda: “Porque yo sé muy bien los planes que tengo para ustedes —afirma el Señor—, planes de bienestar y no de calamidad, a fin de darles un futuro y una esperanza.” (Jeremías 29:11 NVI)

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