¡Señor, sálvame!

¡Señor, sálvame! 7 septiembre, 20182 Comments

¡Señor, sálvame!

Mi nombre es Melissa Velasco, soy originaria de Veracruz, actualmente estudio la Carrera de Medicina y esta es una pequeña parte de mi historia.
Todo comenzó el 13 de febrero del 2014 cuando, después de haber estado hospitalizada por una semana en Poza Rica, Veracruz, recibí mi diagnóstico: Leucemia Linfoblástica Aguda.
Mi reacción inmediata por supuesto fue llorar. Todos a mi alrededor lloraban, pero unos minutos después pensé, “espera, ¿eso es cáncer?”. Así que analicé la situación y me di cuenta que no quería llorar en realidad, solo estaba confundida; y es que, nadie a sus 16 años, con una vida común y corriente se espera un diagnóstico así. Solo podía pensar que estas cosas únicamente las había visto en películas, ¿en realidad me estaba pasando eso a mí?.
Al día siguiente, fui trasladada al puerto de Veracruz, donde inició la verdadera aventura.
Tras hacer estudios de confirmación inicié el tratamiento con quimioterapias; cada sesión era una larga hospitalización de aproximadamente 28 días. Fue un año de muchas experiencias tanto buenas como malas, pero especialmente quiero contarles de una de ellas, la que marcó mi vida totalmente.
Llevaba ya tres sesiones de quimioterapia y gracias a Dios todas mis recuperaciones habían sido rápidas, sin embargo, en la cuarta sesión las cosas se complicaron. Mi médico había salido de vacaciones durante ese mes, dejando a cargo a otro médico el cual no estaba muy relacionado con los casos.
Inicié con síntomas de un resfriado común, que se fueron intensificándose hasta que me era muy difícil respirar. Llegué a un estado de sepsis, una enfermedad que se produce por una infección, ocasionando una respuesta anormal en el organismo y poniendo en peligro la vida. Fue en ese momento que llegó mi médico, justo a tiempo. Rápidamente me valoró, vio mis estudios y se dio cuenta que lo que tenía era una neumonía, y lo que la estaba causando era probablemente un hongo del medio ambiente. Todo se complicó aún más cuando el medicamento para este tipo de hongo solo se podía dar a pacientes en los que, con un estudio especial, se confirmara que era este hongo el que estaba causando la neumonía y el estudio tardaba más de una semana debido a que solo se hacía en Ciudad de México. Sin ese medicamento, no alcanzaría a terminar con vida la semana.
Todos mis tíos viajaron desde lejos, me donaron sangre, pero el cuadro no se veía muy bien. Mis padres buscaron quien orara por mi, y aunque no recuerdo quién era, nunca olvidaré sus palabras: “En el momento en que sientas que no puedes más, cuando sientas que el dolor es insoportable y tus fuerzas se acaban, en ese momento dile al Señor estas palabras: “Señor, soy tuya, perdóname y sálvame” y confía que el Señor va a escucharte.”
Y así lo hice. Cuando mis fuerzas ya no eran suficientes y respirar era cada vez más difícil, solo recordaba y repetía: “Señor, soy tuya, perdóname y sálvame” y sabía que todo iba a estar bien, que estaba lista para cualquiera que fuera la voluntad de Dios para mi vida.
Mis padres hablaron con mi médico y él les informó de los efectos secundarios de este medicamento y del riesgo de tomarlo sin confirmar el diagnóstico. Mis padres tomaron el riesgo y el médico les dio la receta para comprarlo. Era realmente costoso, sin embargo Dios es bueno y siempre provee. Después de tomarlo empecé a mejorar poco a poco hasta que me recuperé completamente.
Dios me permitió vivir y me permitió conocer a muchas personas durante esos momentos difíciles; amigos a los que de otra forma no hubiera conocido y no hubiera podido contarles del amor de Dios antes de ser vencidos por el cáncer. Actualmente llevo cuatro años sin ningún síntoma o signo de enfermedad, lo cuál significa cero leucemia.
Dios es bueno, nos ama mucho y tiene un plan maravilloso para cada uno de nosotros, solo nos resta corresponder a ese infinito amor.
Por: Farit Devit

2 comments

  1. Gracias por tu testimonio que nos confirma que no estamos solos, serás Médico nunca olvides tener humildad, amor por tus pacientes, Dios continúe cuidando de tu vida.

  2. ¡Maravilloso testimonio! Dios es grande, Dios es bueno. Él nos da la fe y la paciencia para soportar pruebas tales. Gracias Padre Santo.

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