Sin miedo a nada

Sin miedo a nada

Todo empezó con un: “Dios, tú sabes que necesito recursos para pagar mi universidad. Mándame a donde tu quieras que vaya”. Mi nombre es Ismari Rivera, estudio el segundo año de comunicación y este verano Dios se manifestó en mi vida de una manera muy singular.
Después de un largo proceso y una serie de respuestas y milagros por parte de Dios, pude llegar al lugar que Él me indicó que quería que fuese, Estados Unidos. Nunca fue un gran sueño o ilusión para mí visitar este país, sin embargo Dios me había mostrado que ahí era el lugar donde quería que colportara y yo sin dudarlo acepté, confiando que me ayudaría con el resto.
Y ahí estaba yo, en la última semana en Nueva York y prácticamente sin ningún recurso para regresar a la universidad. El último domingo de esa semana decidimos todos los del grupo del colportaje ir al Central Park para conocer y pasear un rato; ya estando ahí rentamos unas bicicletas. El tiempo se nos fue muy rápido y cuando nos dimos cuenta faltaban ya sólo unos minutos para la hora de entregarlas y nosotros todavía nos encontrábamos bastante lejos del lugar en donde teníamos que entregarlas, así que avanzamos lo más rápido que pudimos  y llegamos hasta el lugar.
Estábamos bastante aliviados de haberlas podido entregar a tiempo, ya que de no ser así nos iban a multar. De repente, una de nuestras compañeras exclamó “¡La mochila! Se quedó olvidada en donde estábamos” No podíamos creerlo; en esa mochila iban los celulares y las carteras con el poco dinero que teníamos.
Mis compañeros comenzaron a correr para llegar rápido a donde la habíamos olvidado, pero hubo un momento en el que yo me agoté demasiado y ya no pude continuar corriendo, así que me detuve. Grave error. Cuando me di cuenta, ya no veía a mis compañeros y estaba desubicada. No podía creerlo, me había perdido en un país desconocido, con una lengua distinta a la mía, estaba anocheciendo ya y no llevaba celular para comunicarme ni dinero para moverme.
Pensé en avanzar para buscar a mis compañeros, pero supuse que sólo me perdería más. Comencé a caminar en la calle dando círculos, hasta que un señor se acercó y me preguntó si estaba perdida a lo que asentí. Me prestó su teléfono para que pudiera llamar, pero en cuanto vio que estaba marcando un número de México, me dijo: Ah, no, no puedo. Y se fue.
Seguí caminando y en eso iba pasando una señora dominicana con sus hijas y una anciana, así que me acerqué y les pregunté si hablaban español. La señora rápidamente me dijeron que sí y entonces les pedí que me prestaran un celular para llamarle a alguien, pues me había perdido. Aunque al principio no me creyeron, cuando comencé a explicarles toda la historia de cómo me había sucedido todo, me creyeron; me pude comunicar al fin con alguien de mi grupo de colportaje, les expliqué que me había perdido y me dijeron que estaba en un lugar cercano, a 20 minutos caminando desde el punto el que yo me encontraba.
La familia amablemente decidió acompañarme hasta el punto donde me había quedado de ver con mis compañeros, y mientras íbamos caminando la señora me preguntó si tenía miedo, a lo que yo respondí simplemente “No”. Asombrados me dijeron “¿Cómo es que no tienes miedo? Estás perdida” y yo les respondí, “porque Dios ha estado todo el tiempo conmigo y ahora los tengo a ustedes, ¿por qué he de tener miedo?”. La señora quedó realmente sorprendida y me dijo “¡Que valiente eres!” a lo que yo respondí con seguridad: Dios sigue aquí.
Continuamos caminando y me preguntó qué era lo que había hecho durante el verano, así que comencé a contarle un poco de mi vida, de cómo había llegado a ese país para colportar y pagar mis estudios. Cuando al fin llegamos al punto en donde estaban mis amigos nos despedimos. Para mí había terminado la historia, sin embargo no fue así.
Al día siguiente la señora me mandó un mensaje y me dijo que me querían hacer un regalo como familia. Yo apenada le dije que no era necesario, pues con la ayuda que me habían otorgado era más que suficiente, pero ella insistió en verme antes de que me regresara a México y me citó un día en Manhattan para que me viera con su hija, pues ella estaría trabajando y no podría ir. Cuando llegue al lugar donde me citó hicimos una videollamada por medio del celular de su hija y me dijo: “Mi hija te va a llevar a una tienda, no tengas miedo y toma todo lo que necesites, después te llevará comer y luego a casa”.
¡No podía creerlo! La tienda a la que me llevó era justo una de las tiendas que había visitado en mi primera semana, cuando llegué a Nueva York. Recordé que cuando entré ahí, había pensado para mis adentros: Si Dios me permite los recursos, vendré a comprar aquí algunas prendas que necesito realmente. Aún cuando ya me había olvidado por completo de la idea porque no había juntado el dinero suficiente, ahora Dios me estaba dando mucho más allá de lo que yo le había pedido.
Cuando terminamos de comprar, la hija de la señora y yo realizamos una última llamada con ella y le expresé que estaba muy agradecida y le dije que estaba más que segura que Dios la bendeciría al doble por todo lo que estaba haciendo por mí. Ella con mucha alegría me respondió “Me es suficiente con la paz que tienes y que me has transmitido”.
Y así finalizó mi verano: con una serie de milagros que me permitieron obtener los recursos para regresar a estudiar y con el gusto de haber podido mostrar a Cristo a otras personas, en especial a esa familia.
Creo firmemente que esa es la mejor satisfacción que nos queda; el que la gente pueda ver que Dios vive en nosotros y podamos transmitirles su paz.  Cuando buscamos a Dios cada día y dejamos que él haga su voluntad en nuestra vida, nos utiliza para ser luz en las tinieblas, estemos donde estemos.
Por: Farit Devit

3 comments

  1. Si Dios es realmente bueno por haberme dado vida,cuando muchos médicos y varios estudios médicos decían que yo ya no viviría. Y ahora doy gracias a Dios por que ha bendecido a mi tía Ismari Rivera. Bendito sea su nombre. Amén

  2. Amén. Fue una buena experiencia de Vida y definitivamente vimos la mano de Dios. Sigue adelante Ismari con ese gran entusiasmo.

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