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Impacto evangelístico, ayuda comunitaria y atención médica llegan a comunidad indígena Rarámuri

Impacto evangelístico, ayuda comunitaria y atención médica llegan a comunidad indígena Rarámuri 21 enero, 2019Leave a comment

A través del proyecto de atención a las comunidades indígenas “Misión Extrema – Sierra Tarahumara” de la Capellanía de la Escuela de Artes, Arquitectura, Diseño y Comunicación (Artcom), fueron llevadas actividades de impacto evangelístico, ayuda comunitaria y atención médica a más de dos mil rarámuris.

“La Sierra Tarahumara es un lugar de mucha necesidad material, pero también espiritual”, dijo el Ptr. Agustín Andrade, capellán de Artcom.

Ubicada en el estado de Chihuahua, la Sierra Tarahumara es una cadena montañosa que forma parte de la Sierra Madre Occidental. El grupo étnico que predomina en esta zona es la de los rarámuris, también conocidos como tarahumaras.

El primer viaje misionero a la sierra fue realizado en el año 2007, y esta vez un grupo de 47 voluntarios de la universidad visitaron las comunidades de Guachochi, Nacárare, Basihuare, San Juanito y Cusárare, del 6 al 12 de diciembre del 2018.

 

Comunicando el evangelio en rarámuri

De los cerca de 50 mil tarahumaras que habitan en el estado de Chihuahua, la gran mayoría son monolingües. Esta etnia conserva muchas costumbres precolombinas y por años han recibido una importante influencia jesuita. La población adventista es menor a 200 miembros.

En un esfuerzo por llevar el evangelio más allá de las fronteras del idioma, se gestionó la donación de 300 radios solares que contenían los estudios de la Fe de Jesús, algunos libros de la Biblia y una variedad de cantos en rarámuri, que fueron entregados a cientos de familias de las comunidades visitadas. Las radios fueron obsequiadas a algunas familias adventistas, pero en su gran mayoría a no adventistas.

Radio Mundial Adventista, a través de la persona de Robert Valencia, donó las radios. El contenido en rarámuri ya había sido proporcionado por un ministerio que trabajó en la localidad de Creel (en la Sierra Tarahumara), quienes habían realizado las grabaciones años atrás, pero no habían sido usadas.

La reacción de satisfacción fue notable en los locales, según expresan los dirigentes del proyecto misionero.

“Hablar de evangelismo, en el impacto que se busca, es la búsqueda del cumplimiento de la misión. No quisimos hacer un impacto de un día, así que invitamos a la iglesia a continuar con el proyecto”, comentó el pastor Andrade.

 

Resaltando los valores

Los niños fueron un foco especial de atención en el proyecto misionero. Con el objetivo de contrarrestar la influencia de antivalores y el alto índice de analfabetismo, en la universidad fueron realizados una serie de libros cuyo contenido principal eran los valores. Los libros fueron diseñados y diagramados por alumnos del cuatro semestre de la carrera de Diseño de Comunicación Visual, con el apoyo de sus docentes; y los contenidos fueron aportados por la Escuela Normal “Prof. Carmen A. de Rodríguez”. Para atender a las diferentes edades, el contenido fue adaptado para tres niveles que incluían niños en edades de 4 a 7, 8 a 10 y 11 a 13 años de edad.

Para lograr un impacto más perdurable, el nombre de los 10 valores incluidos en el libro fueron traducidos en su lengua natal, rarámuri.

“Fue un poco distinto en cada comunidad”, explica la Prof. Rubí López, coordinadora de la carrera de Diseño de Comunicación Visual; ya que en algunas comunidades se trabajó en las escuelas con niños que estaban acostumbrados a realizar lecciones y a escribir, mientras que en otras los niños nunca habían recibido atención académica. Para esto, las actividades fueron adaptadas según los retos de cada comunidad.

 

Trabajos de arquitectura en iglesias 

Como parte del proyecto misionero, se realizaron intervenciones en arquitectura en tres iglesias adventistas, manejando un sistema de diseño participativo en el que los miembros de iglesia se involucraron en las mejoras de sus templos.

Para que el proyecto fuera efectivo, se realizó un diagnóstico previo en el que se evaluaron las situaciones particularmente y las posibilidades en recursos humanos y material con que se contaba.

La iglesia de Guachochi, fue la primera en ser atendida. Allí fueron realizadas mediciones de todo el templo para generar los planos (que hasta entonces no tenía). Además, se armaron cuatro equipos de diseño para encargarse de las áreas que requerían atención como los módulos sanitarios, el comedor y cocina, la pila bautismal y el cuarto y oficina pastoral.

En la iglesia de la comunidad de Basíhuare, se realizó también el levantamiento general para los planos, se remodelaron e instalaron los baños, y se hicieron trabajos de pintura.

La ultima comunidad donde se trabajó en arquitectura fue la de San Juanito. A esta iglesia que contaba con un proyecto de crecimiento, se les apoyó con el rediseño de la fachada, el interior de los baños, se colocaron los bajantes pluviales, y se hicieron trabajos de pintura.

Para la realización de este y los demás proyectos de impacto en la Sierra Taraumara, se contó con el apoyo de alumnos. Además de proporcionar mejoras en estas comunidades, los proyectos misioneros tienen el propósito de reforzar en los alumnos el espíritu y compromiso misionero.

“Es parte esencial de nuestra formación que los muchachos sepan que su carrera no es solo para tener dinero, sino para predicar el evangelio a través de la arquitectura mejorando la vida de las personas, y esta es una de las formas más directas que tenemos. Si pierdes la vocación de servicio, eres un profesionista más. Y ese es el enfoque de la carrea de Arquitectura, tenemos que marcar la diferencia como arquitectos adventistas con esa misión”, dijo el Arq. Rubén Hernández, docente de la carrera de Arquitectura y quien coordinó los trabajos realizados.

 

Un proyecto de colaboración masiva

El proyecto “Misión Extrema – Sierra Tarahumara” representó una inversión de cerca de un millón de pesos, en logística y atención a la comunidad, conseguido a través de donaciones de más de cien personas y organizaciones. “Y Dios lo proveyó todo, y proveyó de más”, asegura el pastor Andrade.

Tres meses antes de llevar este impacto a la sierra, se realizó un viaje de reconocimiento para detectar las necesidades y los requerimientos en cuanto a costos y tiempos. A partir de ese momento se inició una campaña de recolección de algunos artículos de necesidad para los rarámuris, a lo que se recibió una importante respuesta por parte de la comunidad.

A las cerca de dos mil personas atendidas, fueron donadas unas 700 cobijas, mil 200 juguetes, mil pares de calcetas, guantes, bufandas, ropa y calzado.

“Para la universidad representa un compromiso y yo así lo asumo. No es salir para distraernos, es salir para cumplir una misión y que los muchachos se sientan integrados entre alumnos, maestro e invitados, y que juntos podamos ver el valor de un trabajo en equipo para cumplir la misión de Dios”, concluyó el pastor Andrade.

Un apoyo importante se recibió del Instituto de la Visión del Hospital La Carlota, llevando brigadas médicas gratuitas para las comunidades alcanzadas, en las que se atendió en módulos de oftalmología y medicina general.

Para hacer seguimiento al proyecto, “Misión Extrema – Sierra Tarahumara” se llevará a cabo de nuevo en dos años. Sin embargo, para los trabajos de arquitectura se realizaran visitas durante estos años.

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