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Loida García: servicio, fe y oración

Loida García: servicio, fe y oración 19 junio, 2017Leave a comment
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Un servicio de consolación y esperanza se realizó en la Universidad de Montemorelos en memoria de Loida García Ricárdez, egresada de la Escuela de Enfermería de la UM, generación 1964, quien falleció el 15 de junio en el Hospital La Carlota.

Servicio, apoyo y mucha oración, fueron las características que resaltaron en el testimonio de familiares, amigos y otras personas que se vieron influenciadas por la vida de esta enfermera.

Loida, tía de varios egresados y actuales empleados de la UM, trabajó incansablemente por lo demás, cualidad propia de su profesión y base de los principios que mantuvo hasta su último día.

Sin lugar a dudas, Loida fue uno de los “pilares en el legado de enfermería de nuestro hospital”, dijo el Porf. Ismael Castillo, rector de la UM, donde trabajó por 35 años.

Los mensajes centrales fueron expuestos por los pastores Ismael Castillo y Heber García (sobrino), rectores de la UM y la Universidad Linda Vista, respectivamente, quienes alentaron a los presentes con la seguridad de las promesas divinas de resurrección de los justos y los exhortaron a seguir el ejemplo de fe de Loida.

Luego del servicio, sus restos fueron trasladados y sepultados en el panteón “Valle de los Ángeles”, en Montemorelos, Nuevo León.

 

Loida García: servicio, fe y oración

Por Benjamín García

Loida García Ricárdez, egresada de la Escuela de Enfermería de la UM, generación 1964.

Es imposible condensar en un texto la vida de una persona. En el caso de mi tía Loida, egresada de la UM a quien Dios llamó al descanso el jueves 15 de junio, sus actos de bondad fueron no sólo como enfermera —profesional que frecuentemente tiene la oportunidad de aliviar el dolor y alentar a las personas a quienes sirve— sino como compañera de trabajo, amiga, miembro de iglesia, tutora, familiar e incluso como vecina y paciente.

No sé si mi tía recibió alguna vez un reconocimiento, de todas maneras yo nunca vi que ella lo buscara; sirvió desinteresadamente, y muchos fuimos bendecidos por sus actos de bondad.

Nunca se casó ni tuvo hijos, pero fue una gran tía para sus sobrinos, una abuela para los hijos de estos y una madre para varias jóvenes a quienes apoyó mientras estudiaban en la UM. Además, como hija, trajo a Montemorelos a su mamá —mi abuela Concepción— para que viviera con ella durante varias décadas.

Durante los servicios de consolación y esperanza realizados en su memoria, a través de las redes sociales, en reuniones familiares y en pláticas personales, muchas personas testificaron acerca del impacto positivo, ayuda y aliento que les proveyó en distintas épocas de su vida.

También se resaltó el ministerio de oración que tenía en favor de cientos de personas, incluyendo muchos de los presentes, a quienes tenía anotadas por nombre en una libreta.

Algunas de las cualidades destacadas de su trayectoria fueron el servicio y apoyo que dio a su familia, especialmente a sus sobrinos, así como a otras personas, para que alcanzaran sus sueños de superación profesional. Su hogar sirvió de hospedaje a algunas jóvenes estudiantes y fue un sitio donde con frecuencia prodigaba alimentos a quienes la visitaban. Mis hermanos y yo pasamos muchas horas allí leyendo revistas y libros como Las bellas historias de la Biblia.

Fue sepultada junto a su madre y su cuñada Roselda en el panteón Valle de Los Ángeles de Montemorelos, sin embargo, su influencia aún no ha terminado.

 

Datos biográficos

Nació el 5 de junio de 1939 en Septune, Santa María Petapa, municipio de Matías Romero, Oaxaca. Hija de David Leopoldo García y Concepción Ricárdez, tuvo como hermanos a Aquiles, Bulmaro (†), Nahum y Salathiel. Transcurrió su niñez en el rancho de sus abuelos Pedro García y Francisca Vázquez, donde desde pequeña les oía pedir en sus oraciones por la escuela ubicada en Montemorelos.

Estudió la carrera de Secretaria Contador apoyada por su primo Leoncio Sánchez Robles, que la quería mucho, y al mismo tiempo se encargaba de atender a sus hermanos más pequeños, Aquiles y Bulmaro. Tuvo su primer empleo en la Iglesia Adventista al recibir un llamado para trabajar como secretaria en la Asociación del Sur en Tuxtla Gutiérrez, Chiapas, donde estuvo poco tiempo, y sus recuerdos de ese trabajo era que ayudaba a preparar los paquetes con materiales que se enviaban a los distritos de las iglesias en el sur de México.

Loida junto al grupo de enfermeras, año 1991.

Sin embargo, en su corazón ella tenía el deseo de prepararse más para el servicio cristiano así que decidió ir a Montemorelos, donde sabía que había una escuela de enfermería. Pero no lo hizo sin enfrentar problemas, siendo el primero que el día que ella salía de Matías Romero hacia Montemorelos, su mamá se cayó y se fracturó un brazo, haciéndola vacilar en irse, pero alentada por su familia, que la apoyó cuidando a su mamá, y poniendo su confianza plena en Jesucristo, emprendió el viaje a Montemorelos.

Ya en Montemorelos estudió la carrera de Enfermería, donde tuvo como compañeras de escuela a una gran comunidad de amigas para siempre, siendo algunas de ellas Elizabeth de Cortés, Elizabeth Flores, Estheraman de Leal Isla, Cristina de Quintero y muchas otras. Inició su servicio en el Hospital y Sanatorio Montemorelos en el año 1965, y como buena hija que fue, lo primero que hizo fue traer a su mamá para que viviera con ella. Posteriormente, también trajo a sus hermanos y sobrinos a quienes siempre apoyó.

En su casa siempre hubo lugar para estudiantes que, siguiendo su ejemplo de tenacidad, son ahora profesionistas y quienes nunca perdieron el contacto con ella, como Olga Esther Nuñez, quien la visitaba con frecuencia, o como Natalia de Gracia, quien incluso la llevaba de viajes.

Después de 35 años de servicio en el Hospital La Carlota, se jubiló en el año 2000 y se mudó a la colonia Los Naranjos para iniciar una nueva etapa de vida, ya que apenas tres años antes pasó por la tristeza de perder a su madre. Fue en esa colonia donde cultivó nuevas amistades, como la Dra. Concepción Izquierdo, y también convivió con la hermandad de la Iglesia de Gil de Leyva.

En agosto del 2013, después de algunos problemas de salud, se le diagnosticó cáncer con un pronóstico de vida de pocos meses; sin embargo, Dios le permitió vivir casi cuatro años más hasta que la llamó al descanso el pasado 15 de junio.

¡Damos gloria a Dios por la vida de la tía Loida, y esperamos reencontrarnos con ella en el gran reino celestial!

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