Por qué quedarse

Por qué quedarse 22 febrero, 2018

Por qué quedarse

“Terminé haciendo lo que nunca pensé que me gustaría hacer”.
Originaria de Guasave, Sinaloa, Rocío Carpintero nació un 30 de septiembre de 1965. Creció en un hogar adventista donde recibió un gran ejemplo de servicio a Dios por parte de sus padres.
Pasó los primeros años de su vida en el Colegio del Pacífico (COLPAC) en Navojoa, Sonora; mudándose en 1974 a la Ciudad de México debido a los estudios de su padre. Un año más tarde, sus padres fueron invitados a trabajar en la Universidad de Montemorelos (UM), lugar que ha sido su hogar desde entonces.
Cuando imaginaba su carrera profesional, contempló ser doctora, química, arquitecta o ingeniera electrónica, pero el plan de Dios era uno que nunca se hubiera imaginado.
Un día recibió una llamada de su padre, haciéndole saber que su opción principal para estudiar la carrera debía ser la UM, lo cual la molestó al frustrar sus planes de estudiar en la ciudad de Monterrey.
Rocío nunca había contemplado la opción de ser maestra, pero más adelante Dios le mostraría que esa era su misión. En sus palabras: “Terminé haciendo lo que nunca pensé que me gustaría hacer”.
Cursando su cuarto año de carrera, empezó a dar clases en la Escuela Preparatoria “Prof. Ignacio Carrillo Franco” (ICF) y, al comenzar a convivir con los estudiantes, fue descubriendo el gusto por la enseñanza. Fue entonces cuando entendió la misión que Dios había preparado para su vida.
Rocío se ha desarrollado principalmente como docente en la preparatoria ICF; sin embargo, desde el 2004 también tiene a su cargo el área de Formación General de la universidad.
Para la profesora, la parte más importante de tener contacto con los jóvenes y que más le gusta de ser maestra, es ese vínculo que llega a crear con aquellos a quienes puede atender y que se convierte en una relación de confianza entre ambas partes. Además, como docente tiene la oportunidad de ser un “ejemplo de bien, un modelo a seguir y una influencia positiva que crea un impacto en su vida, no solamente académica sino espiritualmente”.
Ella recuerda el consejo de su padre al empezar a trabajar para la iglesia: “hija, estás entrando a una organización que es de Dios pero que manejan los hombres, es imperfecta pero, si tú te mantienes mirando a Dios, entonces podrás hacer mucho”.
“La misión que yo tengo es cumplir todo lo que me toca hacer reflejando a Jesús”, dice Rocio.
En todos estos años, ella ha visto la mano de Dios trabajando en su vida. En su juventud deseaba hacer otras cosas, pero no fue hasta que “decidió” buscar el plan que Dios tenía para su vida, que comenzó a ver en ella un cambio que la llevaría a desarrollar su misión en este lugar, como una influencia positiva con todos los que la rodean.
“Si alguien me preguntara el por qué de quedarme en Montemorelos diría que es el lugar donde Dios quiere que esté para desarrollar mi misión”.
 
Por: Juan Villar