Un traductor de esperanza

Un traductor de esperanza 25 septiembre, 2018Leave a comment
La tercera vez, fue cuando confirmé que Dios tenía dentro de sus planes que le sirviera como traductor”.
Tenía 14 años cuando por primera vez, fui el puente de comunicación entre dos personas. Unos eran médicos y traían soluciones, los otros eran habitantes de zonas rurales que no tenían acceso a la atención médica y necesitaban ayuda. Fue muy satisfactorio ver la esperanza, alivio y agradecimiento de los pacientes y, además, poder ser útil.
La segunda vez que serví como traductor no recuerdo bien la historia que traduje, pero quedó tan grabado en mí el momento porque fue una experiencia muy vergonzosa ya que, la persona a quien estaba traduciendo, me pedía que imitara su forma de hablar, sus movimientos y hasta tuve que rugir como león… ¡me sentí humillado! Pero fue justamente eso lo que marcó un antes y después en mi experiencia como traductor.
La tercera vez, fue cuando confirmé que Dios tenía dentro de sus planes que le sirviera como traductor. Esa vez fue diferente, pues pidieron específicamente que yo tradujera. Desde esa vez, empezaron a venir más y más traducciones, sobre todo de Ministerio Juvenil o de predicaciones orientadas a jóvenes.
Una pequeña finca en Michigan, Estados Unidos, fue mi hogar durante la infancia. Al estar rodeado de árboles de moras, fresas y muchas otras frutas, era muy feliz al ayudar a mis padres a preparar la tierra para sembrar y también al poder cosechar las frutas.
También viví en Nueva York, Massachusetts e Illinois, por eso aprendí a hablar inglés, pero hablo español porque, al ser argentino, en mi casa siempre nos comunicábamos en nuestra lengua materna.
Puedo afirmar que tuve un gran mentor en mi padre, quien sembró en mí el amor a la traducción, al observarlo en su papel de pastor de iglesia, traducir sermones, conferencias y campañas de evangelismo. Por su trabajo, nos mudábamos constantemente y fue así como llegué a México, al Colegio del Pacífico (hoy Universidad de Navojoa) y conocí a la Asociación de Médicos Norteamericanos, con quienes tuve mi primera experiencia como traductor.
Tenía 20 años cuando llegué a la Universidad de Montemorelos y estudié Teología y Música. Ahora soy Vicerrector Estudiantil en esta institución, pero siempre he ayudado a traducir tanto como sea posible, porque se que Dios así lo quiere. He sido muy bendecido al traducir en predicaciones, dentro y fuera de México, así como en sesiones quinquenales de la Asociación General de la Iglesia Adventista del Séptimo Día. Llegar hasta aquí se lo debo a Dios, quien me dio en mi padre a un gran mentor.

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