Una carrera que dura toda la vida

Una carrera que dura toda la vida 19 octubre, 20181 Comment
Tengo la seguridad en que mi vida la conduce Aquel que conoce el final desde el principio”.
–No tengo idea de cómo sería mi vida si no hubiera dado ese salto de fe, ¿quién lo sabe? pero si sé que cuando te dejas guiar por Dios, Él no te desampara, te bendice y te usa también para ser de bendición. —
Tenía 23 años cuando con incertidumbre, temor y emoción, salí de mi hogar en la Ciudad de México para empezar a vivir uno de los sueños más anhelados, estar en la Universidad de Montemorelos. Llegué con mi hermano y dos amigos; nunca olvidaré ese primer sábado, yo estaba en este lugar, ícono del adventismo mexicano… ver esa Iglesia Universitaria con su gran “plataforma”, los majestuosos instrumentos y la música que eleva al cielo, fue un momento que me marcó.
Aportar a la educación cultural del país, es la pasión que me condujo a estudiar música, a pesar de ya haber cursado la Licenciatura en Sociología. Estando aquí, encontré la manera de fusionar la orientación sociológica con los conocimientos musicales.
Gozar de un trato personalizado por cada maestro, tener oportunidades de autofinanciamiento para la carrera y conocer a personas con una alta calidad humana, fueron los bendiciones que me llevaron a comprender la frase “la educación adventista es un esfuerzo entre el hogar, la iglesia y la escuela”.
 Fue aquí donde descubrí el papel tan importante que juega el profesor en la vida del estudiante, más allá de ser un transmisor de conocimiento, ser un mentor que inspire a tener una vida diferente.
 Tengo plena seguridad en que mi vida la conduce Aquél que conoce el final desde el principio, estudiar dos carreras nunca es fácil, siempre existe cierta presión social que cuestiona el porqué tomas un camino más largo, pero estoy convencido que la vida misma es una carrera de continuo aprendizaje. Además, si no me hubiera atrevido a dar ese salto de fe que requiere la educación adventista, no tendría la familia que hoy he formado, comenzando por la compañera que Dios diseñó para mí, mi esposa Abigail, y nuestro hijo Hugo, motor de nuestra existencia. Además de toda esta familia extendida que se logra crear gracias a los lazos de amistad y compañerismo del día a día, así como al compartir la misma esperanza en la que todos confiamos, el regreso de Jesús.
                 Hoy, aporto al conocimiento artístico y cultural desde diversas áreas con un fuerte compromiso docente en la Facultad de Educación, en la Escuela de Artes y Comunicación y en la Escuela de Música, teniendo como mayor interés que tanto la investigación social, como la formación de líderes de opinión, logren trascender en los universitarios que mañana serán profesionales adventistas, al servicio del mundo.

One comment

  1. Que buen aporte para reflexionar y al mismo tiempo una historia que me motiva a seguir adelante. Bendiciones

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