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Servicio de gratitud, consolación y esperanza en memoria del Dr. Adrien Brutus

Servicio de gratitud, consolación y esperanza en memoria del Dr. Adrien Brutus 12 diciembre, 2017Leave a comment
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La universidad llevó a cabo servicios de gratitud, consolación y esperanza en memoria del Dr. Adrien Brutus, jubilado de la universidad, quien falleció el 3 de diciembre en horas de la madrugada, luego de tres días en cuidados intensivos por sufrir una peligrosa caída.

Por más de cuarenta años, sirvió a la educación de profesionales de la medicina en la Facultad de Ciencias de la Salud y también trabajó en el Hospital La Carlota, ofreciendo diferentes servicios.

El sábado 9 de diciembre, luego de la despedida del día de reposo, se dieron cita cientos de personas que en algún momento de su vida tuvieron cercanía con el doctor, bien fuera como alumnos, colegas, amigos o familiares.

¡Qué testimonio tan poderoso, la vida de nuestro doctor Brutus. Un testimonio que se reflejó en todos los ámbitos”, dijo durante el programa el Dr. Nahum García, director de la Facultad de Ciencias de la Salud, refiriéndose a su vida laboral y familiar.

“Un hombre de una fe inquebrantable, a pesar de los momentos tan difíciles que le tocó vivir. Su fe se mantuvo”, agregó el doctor García.

Al inicio del programa de gratitud del sábado por la noche, los doctores Salazar y Carpintero, ex compañeros de trabajo del doctor, debelaron un cuadro que se realizó pensando en lo apreciado y valorado que fue el doctor Brutos por todas las generaciones de profesionales de la salud que pasaron por sus aulas de clase en la institución.

Este cuadro pertenece a una colección, realizada por el artista Daniel Gallardo, misma que es exhibida en el edificio de la facultad, del que se entregó una réplica a la familia.

El doctor Brutus, junto a su esposa la Dra. Herlinda, se encontraban viviendo en Comitán, Chiapas, guiados por su espíritu de servicio que los llevó a unirse a un programa misionero como profesionales jubilados.

La Unión Mexicana de Chiapas envió un video en memoria del difunto doctor y como testimonio del trabajo misionero que ellos hicieron en ese lugar.

Durante más de dos horas, alrededor de 15 testimonios fueron presentados por quienes fueron sus alumnos, colegas y amigos. Además, la familia también expresó algunas palabras de esperanza para los presentes.

“Mi familia y yo tenemos esperanza, nosotros no dudamos del amor de Dios y de la providencia de Dios. Hemos decidimos no enfocarnos solamente en las ultimas horas de su vida (refiriéndose a la agonía y el dolor que sufriera el doctor)… pero decidimos enfocarnos en esa vida de virtud e integridad, en esa verdad; y poder integrar esos valores en nuestras vidas y ser luz en nuestra comunidad. Para que el legado y la memoria de mi padre siga teniendo un efecto en esta generación”, dijo Rolando Oliver, dijo del doctor Brutus.

El espíritu misionero incansable del difunto, su alegría contagiosa y quien siempre dio la honra y gloria a Dios, fueron las características que resaltaron en los testimonios de los presentes, y de quienes se conectaron por medio de internet a la transmisión.

El domingo 10, se realizó el servicio de consolación en el que la alabanza a Dios y la esperanza resaltaron en los mensajes compartidos en el programa.

El Ptr. Pierre Laguerre, cuñado del doctor Brutus, presentó un mensaje especial con los presentes en el que resaltó la lealtad, el amor y el testimonio que su relación con Dios impactó en la vida de quienes lo conocieron.

“Permítaseme decir que Adrien fue un hombre grandioso, cuya vida desplego la esencia del cristianismo”, dijo el pastor Laguerre.

El Consejo Universitario de la institución, en su sesión del 11 de septiembre del presente año, tomó el acuerdo de reconocer el trabajo de Adrien y Herlinda Brutus, a través de la presea institucional “Pasión para Servir”, misma que sería entregada durante los festejos del 75 aniversario de la institución el pasado noviembre.

Por asunto de trabajo misionero, los esposos Brutus no pudieron asistir, sin embargo, durante el servicio de consolación se llevó a cabo la entrega de la misma de manos del Prof. Ismael Castillo, rector de la universidad.

La presea fue entregada en reconocimiento al servicio generoso, abnegado y misionero en la universidad y el Hospital La Carlota durante toda su trayectoria profesional.

Su esposa la doctora Herlinda, al recibir la presea dijo que de estar su esposo en ese momento, dirían: ¡Que la gloria y la honra sea para Dios”, haciendo referencia a las palabras que su esposo acostumbraba decir cuando recibía cualquier tipo de reconocimiento.

El Ptr. Elie Henry, secretario ejecutivo de la División Interamericana (DIA), presidente de la Junta de Gobierno de la universidad, y quien fuera primo del doctor Brutus, compartió un mensaje de apoyo y reconforto a la familia en nombre personal y de la DIA quienes comparten el sentimiento por la falta de un misionero como el doctor Brutus.

El profesor Castillo, ofreció palabras de esperanza durante el programa, invitando a los presentes y especialmente a los familiares a permanecer aferrados a la esperanza que caracteriza a los Adventistas del Séptimo Día de la resurrección para vida de los justos.

“Hoy nos hemos congregado para despedirnos de un esposo, padre, hermano, primo, tío, maestro. Vivió con la política del cielo abierto, con espíritu misionero y en el jardín de oración. Pero no fue él, sino que comió del pan de vida, a nuestro Señor Jesucristo y Él prometió resucitarlo”, concluyó Castillo.

Al finalizar el programa, parte de la familia presente del doctor Brutus compartieron testimonios del impacto de la vida del doctor en sus vidas y cómo han decidido que el evento de su muerte sea un motivo para seguir su ejemplo.

El doctor Brutus fue sepultado en el Panteón “Valle de los Ángeles”, el 10 de diciembre del presente año.

 

ADRIEN BRUTUSSin-título-1-805x527

Nació en Puerto Príncipe, Haití, el 25 de septiembre de 1940 en el seno de una familia adventista. Su padre fue pastor de la Iglesia y su madre maestra. Ambos consagrados al servicio de Dios y de quienes aprendió desde pequeño el verdadero propósito de la vida: el servicio abnegado. Fue el primero de los siete hijos con los que Dios bendijo este hogar y se distinguió por ser un hermano abnegado.

Con el sueño de ser médico, la convicción de preparase y la confianza plena en Dios salió de su país de origen y llegó a México listo para enfrentar los retos. Con la perseverancia y determinación que lo distinguieron, pasó los siete años de la carrera de medicina sin poder ver a su familia ni regresar a su país natal por falta de recursos económicos, pero convencido de que alcanzaría la meta con la dirección de Dios, y así fue.

El propósito de Dios se cumplió en su vida y concluyó sus estudios como médico. Y además, realizó la especialidad de Patología en el Hospital de la Universidad de Massachusetts en el año de 1979.

Por las dificultades para estudiar medicina y las complicaciones que futuros estudiantes de medicina tendrían en una universidad no cristiana, nació en su corazón la idea de tener una escuela de medicina de la Iglesia Adventista en México. Tal idea lo llevó a hablar con el presidente de la Asociación General e involucrarse en el proyecto.

Unos años más tarde le llegó la invitación para ser docente en la Escuela de Medicina que estaba iniciando en la Universidad de Montemorelos, y con esa insaciable necesidad de ser misionero y colaborar en la obra de Dios, aceptó con gusto, dejando a un lado las oportunidades laborales en los Estados Unidos.

Fue en Montemorelos donde Dios colocó en su camino a quien sería su compañera de vida: la Dra. Herlinda González, ginecóloga del Hospital La Carlota. Se enamoraron y unieron sus vidas en matrimonio en el año de 1984.

Este matrimonio fue bendecido por Dios con tres hijos varones: Adrien, quien es médico; Rolando Oliver, quien es administrador; y André Jules, quien era ingeniero y a quien Dios llamó al descanso en enero del 2016. Esto ultimo fue una prueba difícil que enfrentaron como familia unida y con la esperanza completamente en Dios

El doctor Brutus sirvió como docente de la Universidad de Montemorelos desde el año de 1980 hasta el año de 2015, fecha en que se jubiló, y junto a su esposa decidieron seguir sirviendo a Dios a través de su profesión como médicos en la ciudad de Comitán, Chiapas. Desde su llegada a ese lugar en el sureste de México, se ganó el cariño de la gente y se mantuvo activo sirviendo a Dios hasta el último momento de su vida.

El doctor es recordado como una persona entregada al servicio de Dios, un cristiano inquebrantable, un esposo excepcional, un padre comprensivo, un maestro para todas las generaciones de médicos egresados de la Universidad de Montemorelos, un hombre de fe, un hermano apasionado por compartir el evangelio y un ser humano cumpliendo el propósito de Dios.

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